EgiptoPalacio del faraón Thuk Cuando el sol está en su pico más alto, y la piel bronceada y morena del faraón la rosa, un escalofrío recorre su espina dorsal, la carta puesta en una bandeja de oro resalta entre el lujo de su destinatario.El faraón la analiza, la estudia, y luego la abre leyendo contenido con cuidado, sus indicaciones, aunque confusas por quien la remitió, deja una clara inquietud en él.—llama al duque Horus —ordenóSu ministro más fiel, abandono la habitación, trastornado, se levantó de asiento caminando de un lado a otro; su oído, capaz de oír un alfiler caer, percato con grato asombro qué los pasos de un familiar conocido guiado de su aroma se acercaban.Se detuvo en una de las ventanas del palacio, con la mirada puesta en el río Nilo, antes de él, las casas de su pueblo, los regalos de su gente y algunos monumentos que respetaban las culturas de su pueblo.Las puertas se abrieron, y pudo percatarse de quien ero, como cerraron las puertas.—Qué grata ha sido tu
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