Denn Stuart En ese contacto, el tiempo parece detenerse. El peso de los silencios, las preguntas no formuladas y los reproches queda atrás, desvaneciéndose en la intensidad del momento. Todo lo que hemos callado, el pasado que sigue presente se condensa en la urgencia de mis labios sobre los suyos. Por un instante, desaparecen mis motivos para continuar molesto por el maldito recordatorio que ella pertenece supuestamente a otro hombre.El calor de su cercanía me envuelve por completo, despertando un deseo que se intensifica con cada segundo. No basta con el roce inicial de sus labios: necesito más, anhelo sentirla aún más próxima. Mis manos, casi por instinto, se deslizan suavemente por sus caderas, recorriéndolas hasta llegar a sus muslos. Con ese impulso, la levanto sobre mis estrechas caderas, sin permitir que nuestros labios se separen ni un instante. El contacto entre nosotros es inquebrantable, y la pasión se manifiesta en cada caricia y en la firmeza de su cuerpo entre mis bra
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