El camino de regreso a casa fue silencioso.No era un silencio incómodo ni tenso; era uno cargado de pensamientos que ninguno sabía cómo expresar. Afuera, la ciudad continuaba su rutina habitual: autos avanzando con prisa, personas caminando sin imaginar que dentro de aquel vehículo dos vidas acababan de cambiar para siempre. Salvador mantenía ambas manos firmes sobre el volante, la mirada fija al frente, aunque cada tanto desviaba los ojos hacia Cristina, como si necesitara comprobar que seguía allí, que todo era real.Cristina observaba el paisaje pasar tras la ventana. Su expresión era tranquila, demasiado tranquila para alguien que acababa de tomar una decisión capaz de alterar su propio destino. Su mano descansaba sobre el vientre de forma casi inconsciente, protegiéndolo, como si desde ya intentara transmitirle seguridad a la pequeña vida que crecía dentro de ella.Ninguno volvió a mencionar lo ocurrido en el consultorio.
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