La cena había quedado en segundo plano y en menos de lo que ambos hubieran pensado, las manos de cada uno se encontraban sobre la del otro. Con besos llenos de calor recorriendo su cuello Cristina liberó un largo y hondo gemido seguido de un: —Oh… más…Salvador no esperaba ese gemido tan sensual por parte de su esposa, así que levantandola contra su cadera, besó hasta el nacimiento de sus pechos, deleitándose del hermoso cuerpo que la maternidad le había dado. Si bien la pequeña Romina había empezado a dejar la lactancia, Cristina tenía unos pechos llenos y adictivos para su esposo, así con gusto podría volverse un bebé.—Ah… No supo en qué instante, pero él ya tenía los pechos de ella encerrados en sus labios, succionando con la misma necesidad de un recién nacido. Un instante después, el deseo de pertenecerse había hecho lo suyo. Cristina sin ninguna prenda y con las piernas semidobladas y abie
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