Antes de dormir, Andrés les dijo a los empleados que hoy no iría a la oficina.Como estaba libre, ¿podría acompañarla de compras, no?—Cariño, ya es hora de despertar, son las ocho y media —Mónica se sentó al borde de la cama y lo llamó suavemente.Andrés se movió ligeramente, frunciendo el ceño.Mónica agitó su brazo: —¿Cariño?—¡Ay!Mónica gritó sorprendida.Con su exclamación, Andrés abrió los ojos, aparentemente confundido: —¿Qué haces aquí?Mónica, a quien él había empujado al suelo, su expresión se ensombreció, claramente agraviada: —Cariño, ¿por qué me empujaste?—No estoy acostumbrado a que me toquen de repente. Cuando duermo, estoy muy alerta —Andrés se sentó en la cama.Mónica no estaba lastimada; solo había caído sentada en el suelo.Andrés se levantó, fue a asearse, ducharse y cambiarse de ropa.Al salir, mientras atendía una llamada, salió del dormitorio.Ni siquiera notó a Mónica, que seguía sentada en el suelo.Cuando Andrés terminó con sus asuntos, Viviana se acercó
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