—¿Un niño... qué tiene que ver con la buena o mala suerte? —murmuró Sebastián para sí.Pero los que hacen negocios suelen ser muy cuidadosos con la superstición, sobre todo cuando se trata de dos niños.Sebastián no era tan meticuloso como una mujer, ni tan expresivo como otros padres.Pero en el fondo, también amaba a sus hijos.Su amor siempre era silencioso. Pensaba que mientras les diera un buen entorno para crecer, ya estaba cumpliendo como padre.—Está bien. —dijo Sebastián.Últimamente todo parecía ir mal.Carolina sonrió y dijo,—He oído que algunos niños son revoltosos por la mala suerte. Conozco a un brujo que podría ayudarnos, ¿quieres que lo contacte?Sebastián, todavía agotado, respondió,—Te agradecería mucho.***Al mediodía.—Señor, la niña no quiere comer. —dijo Tania acercándose.Sebastián estaba en su despacho, terminando unos asuntos de la empresa.Frunció el ceño y se dirigió al comedor.Sofía, aún enferma, recibía cuidados atentos de las niñeras, pero quería que f
Leer más