—De acuerdo.Una vez que Raúl se retiró, las tres mujeres comenzaron a comer.Isabella revisaba su teléfono de vez en cuando.Ese Vicente seguía sin aceptar su solicitud de contacto.—Isabella, verlas a las dos aquí conmigo me hace tan feliz que no envidio a nadie —comentó Carolina—. Antes, cuando veía a esa Señorita Herrera siempre rodeada de sus amigas, me daba tanta envidia...Isabella alzó la mirada.Bárbara añadió: —Isabella, no tienes idea. Esas niñas bien, aprovechando que son muchas, obligaron a Carolina a beber en público e incluso dejaron que sus guardaespaldas nos acosaran. No entiendo cómo una familia de ese nivel pudo criar a una hija así.—Y no solo eso —agregó Carolina mientras servía más comida en el plato de Isabella—, la otra vez, cuando me encontré con Valeria, le mencioné que yo también tenía amigas. Pero al hablar de ti, puso una expresión de desprecio... ¡Me dio tanta rabia!Isabella, con la barbilla apoyada en una mano, sonrió levemente. —¿Cómo podría conocerme
Leer más