Todd.-Un escalofrío me recorrió la columna, si ella no tenía miedo, significaba que aquella noche de horror había sido real. La amargura subió por mi garganta como hiel. Me acerqué a ella invadiendo su espacio personal hasta que pude oler su perfume. La miré con un desprecio que ya no buscaba herir. — No te equivoques, Beatrice –mi voz era un susurro gélido que parecía cortar el aire–. Que ese niño sea mío no cambia nada entre nosotros, absolutamente nada. Ella bajó la mirada por un segundo, pero volví a tomarla por la barbilla obligándola a enfrentarse a mi verdad. — Voy a responder por ese niño, tendrá mi apellido, tendrá la mejor educación y viviré en esta casa para asegurarme de que no se crie bajo los valores retorcidos de mi madre. Le daré una familia, una estructura, pero tú… serás la mujer que comparte el techo conmigo nada más, no habrá afecto, no habrá intimidad, no habrá ni siquiera una palabra que no sea estrictamente necesaria. Vi como una lágrima solitaria rodaba
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