180. El Final
MAX La noche en la sierra tiene una claridad que no se encuentra en ningún otro lugar de Madrid. Aquí, el cielo no es una mancha grisácea, sino un manto de terciopelo profundo salpicado de diamantes que parecen estar al alcance de la mano. Estoy sentado en la terraza de madera de nuestra casa, con la espalda apoyada en el cristal que tanto nos costó construir. A mi lado, Lorena descansa su cabeza en mi hombro. Su respiración es pausada, rítmica, una melodía que me indica que, por fin, su mente está en calma. Miro hacia el interior a través del ventanal. Todo está en silencio. Isidora duerme el sueño profundo de la infancia, y en el vientre de Lorena, una nueva vida comienza a reclamar su espacio. — ¿En qué piensas? — susurra ella, sin abrir los ojos. — En que si me hubieras dicho hace dos años que terminaríamos así, te habría llamado loca — confieso, besando su coronilla —. Pensé que lo nuestro era un edificio en ruinas, algo que solo quedaba demoler para salvar lo poco que qued
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