—Este caballo es un tronco, te voy a regalar uno de pura sangre —soltó Iván, que no paraba de quejarse mientras seguían al trote.Raina no lo podía creer. ¿Qué tipo de actitud era esa? Se subía a la fuerza, disfrutaba el momento y luego todavía se ponía exigente. Aunque ya se le había pasado un poco el susto, seguía furiosa. Lo que acababa de hacer ese hombre era una locura.—¡Iván, si a ti no te importa tu vida, a mí la mía sí! ¡No seas así de imprudente! —le reclamó, con la voz todavía temblorosa por el coraje.—No te preocupes, no voy a dejar que te pase nada —Iván admitió, muy a su manera, que había sido un riesgo, pero estaba convencido de que con su destreza, aunque el animal se hubiera encabritado más, ella no se habría caído. Confiaba ciegamente en sus manos.—¿Y qué hay de ti? —preguntó Raina, girándose un poco para fulminarlo con la mirada.Iván la pegó más a su pecho, sintiendo el aliento cálido de ella rozándole el cuello. —Vaya... ¿así que ahora te preocupas por mí? —di
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