El aire de la montaña quema diferente. No es el fuego del territorio subterráneo de Valdoria, sino algo más crudo, más salvaje. Desde donde estoy, observo cómo Christian distribuye a los guerreros entre las cuevas de nuestro campamento temporal, puedo sentir el cambio: hemos dejado de ser cazadores. Ahora somos fugitivos.Pero también es algo más.—Lina, necesito tu opinión aquí.La voz de Jonas cortó mis pensamientos. El estratega tenía los ojos clavados en un mapa tallado en piedra, sus cicatrices pálidas reflejaban la luz de la antorcha. Antes de la batalla, era solo un nombre. Ahora es alguien cuya tácticas mantienen a los nuestros vivos.Me acerco, y noto cómo algunos lobos se apartan, como si mi presencia requiriera espacio. El relicario palpita suavemente contra mi pecho—un latido que ya reconozco como la conexión constante con Christian.—Aquí —señalo, mi dedo toca la cueva central del mapa—, los cazadores ancestrales atacarán desde múltiples frentes. No porque sea eficiente m
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