La oscuridad de la Cámara de los Antepasados parecía cobrar vida, alimentada por las palabras de Elowen y el latido errático del relicario en mi pecho. Al cerrar los ojos, la realidad de Valdoria se desvaneció, arrastrada por una marea de recuerdos que no me pertenecían, pero que el Corazón de los Cazadores me obligaba a presenciar como si fueran cicatrices frescas en mi propia piel.Vi una aldea oculta entre la bruma de un valle olvidado. Allí, décadas antes de mi nacimiento, una niña de cabellos oscuros y ojos demasiado perceptivos caminaba por los bordes del campamento de los híbridos. Era Vesper, mi tía, en los días en que su nombre todavía no era sinónimo de traición, sino de una curiosidad que rozaba lo prohibido.A diferencia de mi madre, que encontraba alegría en la mezcla de los dos mundos, Vesper solo veía las limitaciones. Observaba a su familia ocultarse de los humanos y de los lobos puros, viviendo en un limbo de anonimato que ella despreciaba. Para ella, la sangre mixta n
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