El silencio de Valdoria es ensordecedor.Es raro que el silencio pueda gritar, pero aquí está, en los pasillos subterráneos donde hace apenas horas retumbaba la música de la guerra. Las antorchas parpadeaban entonces, iluminando rostros cubiertos de ceniza y sangre. Ahora iluminan solo vacío y preguntas sin respuesta.Llevo a Christian a través de los pasillos. Sus brazos están alrededor de mi cuello, no por amor, sino por necesidad. Toda su musculatura es peso, es dolor concentrado en forma humana. Su piel está mojada de sudor y algo más oscuro que no quiero nombrar.—No... es grave —murmura contra mi cabello, pero sus palabras suenan huecas. Mentirosas.—Calla —le digo, porque si sigue hablando voy a gritar. Porque si dejo que me convenza de que esto está bajo control, algo dentro de mí se quiebra completamente.Cuando llegamos a la cámara médica, los sanadores se lanzan hacia nosotros como si llevara noticias del apocalipsis. Y suponiendo, dado el estado de Christian, tal vez las
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