LlamadoA la mañana siguiente, Ana estaba molesta.No era un enojo explosivo, sino esa irritación sorda que se instala en el cuerpo cuando una se siente lo suficientemente bien como para moverse… pero alguien más insiste en tratarte como si fueras de cristal.Se sentía fuerte. O, al menos, funcional.Podía mantenerse en pie perfectamente. El mareo había cedido, la pesadez en los huesos fue solo cosa del día que despertó, por supuesto que iba a tener entumecimiento en el cuerpo. Además, ya no era esa figura pálida y temblorosa que habían puesto en la cama dos días atrás.Y, sin embargo, Ashven seguía allí en su cuarto, todo el día en silencio, hablando sólo para reprenderla. Al principio había dicho estar allí para su cuidado. Ahora era para su vigilancia.Ana se sentó en el borde de la cama, estiró los brazos con una mueca de fastidio y luego se levantó sin pedir permiso. Ashven estaba en la otra punta del cuarto, recostado en el sillón muy relajado, estaba leyendo en silencio uno de
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