Capítulo 222. Intereses propios.
Los dos hombres avanzaron sin prisa. No porque no la hubiera, sino porque no la necesitaban. Ni siquiera necesitaban hombres a su alrededor para intimidar. Cada uno lo que a muchos otros se les dificultaba siquiera considerar; poder controlado. El primero era imposible de ignorar.El Diablo Ruso.El nombre no era un apodo; era una declaración de su estructura, de lo que poseía y de lo que ofrecía. Poder a cambio de su alma. Dos metros exactos de presencia sólida, hombros anchos, cuello fuerte. Su cuerpo no lo había construido en gimnasios, sino en los lugares que muchos temían tocar. El abrigo oscuro caía abierto, porque no lo usaba con intención de protegerse. Esos ojos azules, eran fríos, profundos y peligrosos. Pelinegro, mandíbula dura, barba mínima que revelaba su edad de forma mínima. No irradiaba amenaza inmediata; irradiaba orden. Y eso, en ese mundo, era infinitamente más peligroso.Con un solo vistazo entendió el escenario.El segundo caminaba medio paso detrás, aunque tam
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