—Madre, vayamos a casaDijo Nikolay con suavidad, rompiendo el silencio de la oficina— Necesitas descansar; el viaje ha sido largo y tedioso.—¿Mi pequeña está en casa?Preguntó ella, ignorando su propio cansancio.—Sí, Shell llegó ayer inesperadamente. Fue la mejor de las sorpresas.Karenina miró a su hijo con intensidad, sosteniéndole la mirada.—Espero que sepas apreciar esta nueva oportunidad que te da el destino, hijo.—Lo haré, padreRespondió Nikolay, girándose hacia el patriarca— Cueste lo que cueste.—Esa es la voz que quería escucharAsintió el señor Mongvilovich, su padre, con una sonrisa gélida— Ahora, concentrémonos en ese... pececito que se cree tritón. Debemos ponerle un alto; tiene que aprender en qué charca le corresponde quedarse.—No se saldrá con la suya esta vez, papá. Tenemos una carta muy fuerte con nosotrosNikolay clavó la vista en Elizabeth, quien permanecía en un rincón de la estancia.—Si se refiere a mí, señor Montgomery, no crea que seré una pieza pasi
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