Me levanté muy descansada, como si la realidad de lo que estaba pasando no fuera conmigo. Me estiré como pude y miré a mi alrededor; mi barriga dolía, tenía mucha hambre. Estaba encerrada en el cuarto de servicio de mi antigua casa. «¡En verdad que este señor no tiene imaginación!», pensé.
—Veo que te levantaste ¿Dormiste bien?
Dijo Williams entrando
— Tuve una conversación muy amena con tu "familia" materna. Qué pena que nuestros lazos sean nulos; de haberlo sabido, me habría enterado antes