Mientras Simón la miraba, mantenía una expresión modesta, suave y gentil. Antes de que Celia pudiera reaccionar, Ferlín, acompañado por Miguel, salió del salón y se dirigió a la mesa larga.—¿Ya están todos?Flora se levantó de inmediato.—Sí, todos, excepto… Andrés.Al mencionar a Andrés, la cara de Ferlín se ensombreció ligeramente, pero recuperó rápidamente su compostura. Después de sentarse, dijo:—Tomen asiento todos.Luego se volvió hacia la empleada doméstica.—Pueden servir la comida.Los presentes a ambos lados de la mesa se sentaron según su rango generacional. Celia quedó justo frente a Simón. Ferlín habló en ese momento.—¿Cuánto tiempo te quedarás esta vez?La pregunta, naturalmente, iba dirigida a Simón, quien le respondió sonriendo:—Papá, por ahora no pienso irme.Ferlín golpeó suavemente la mesa con los dedos, indicando a la empleada que le sirviera vino.—Bien, han ocurrido muchos asuntos en nuestra familia estos días. Si te quedas, podrás ayudar.Al saber que Simón s
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