A la mañana siguiente, el sol entró por la ventana con una falta de respeto total. Yestin sintió los rayos quemándole los párpados y, de solo pensar en moverse, sintió que todas sus ganas de vivir se desplomaban al piso. Le dolía todo. El cuerpo le pesaba como si estuviera hecho de plomo y es que no había dimensionado el daño que ese animal, el Pantera, le había hecho a su diminuto cuerpo. Era una agonía sorda, constante.Pero luego se acordó de Castiel. Entendió que, dentro de la tragedia, ella era la "estable". Con un suspiro que le desgarró el pecho, se levantó de la cama. Al girarse, vio a su esposo. Estaba ahí, semidesnudo, envuelto en sábanas de seda que contrastaban con la violencia de sus moretones. Tenía el rostro marcado, casi irreconocible bajo la luz natural. Verlo así le provocaba una mezcla amarga de rabia y una tristeza que no sabía dónde meter.Los recuerdos de la madrugada volvieron como oleadas, golpeándola justo cuando intentaba mantener el juicio. La imagen de Cast
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