76. Le llegó la horaLivia levantó la cabeza cuando la puerta se abrió. En el fondo esperaba ver a su hermano volver. Era apresurado esperar que Ian aceptara su ofrecimiento de buenas a primeras. Lo normal era que desconfiara de ella; desde que se conocieron, no habían cruzado una sola palabra afectuosa. Ni un gesto que los identificara como hermanos.Sin embargo, lo eran. Ninguno de los dos podía negar la cruz de su calvario. Ian y Livia se parecían físicamente a Allan.—¿Cómo te fue con Ian? —preguntó Garrett, sentándose en la silla frente al escritorio. Él habría deseado besarla, pero estaban a horas de oficina. Ahí, en ese momento, eran jefa y empleado.—Se sorprendió y, por supuesto, se fue sin darme una respuesta.—Sabías que podía suceder.—Era consciente de eso, Garrett; sin embargo, espero que Ian lo piense mejor. Si se queda en Los Ángeles, no tendrá ningún futuro, seguirá viviendo como hasta ahora, esperando por algo que no llegará.—¿Y eso es…?—La confianza de su padre, a
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