Jennifer abre la puerta de su casa con una calma que es completamente artificial, cuidadosamente construida para sostener la escena que está a punto de desplegar, y aunque por dentro su pulso se acelera al saber que Liam está ahí, a pocos metros, observándola, decide no mirarlo de inmediato, decide fingir que no lo ha visto, como si su presencia no alterara en absoluto el curso de su día, como si ese encuentro no fuera el resultado de una cadena de decisiones perfectamente calculadas.Sostiene la bolsa de basura con una naturalidad ensayada, camina unos pasos hacia el borde de la vereda y, recién entonces, como si fuera una coincidencia tardía, levanta la mirada.Y lo ve.Sus ojos se abren apenas, lo justo para transmitir sorpresa sin exagerarla, lo justo para que el gesto resulte creíble.–¿Qué hace aquí, señor Kane? –pregunta, dejando que su voz lleve ese matiz de desconcierto que tan bien sabe fingir.Liam baja del auto con una lentitud que no es duda, sino conflicto, como si cada
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