Amara lo mira fijamente, con los ojos abiertos por la incredulidad, como si acabara de escuchar algo tan absurdo que su mente se negara a procesarlo con normalidad, porque durante un instante tiene la sensación de que Jean Pol no puede estar hablando en serio, de que aquello que acaba de decir debe ser una provocación cruel o una de esas bromas retorcidas que él disfruta lanzar cuando quiere desestabilizar a alguien, pero la calma con la que permanece de pie frente a su escritorio, con los hombros relajados y la mirada fija en la suya, deja claro que cada palabra ha sido pronunciada con absoluta intención.–¿Estás loco? –pregunta finalmente, con una mezcla de rabia y desconcierto que no intenta disimular.Jean Pol no se inmuta, ni siquiera parpadea, solamente se limita a observarla durante un segundo más, como si la reacción de Amara fuera exactamente la que esperaba desde el principio. –No –responde con tranquilidad.Amara deja escapar una risa breve, una risa cargada de increduli
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