Valentina Casi todos los miembros de la organización se habían reunido en el cementerio, trajes y vestidos oscuros, rostros sin expresión alguna. Aunque si había lágrimas. Hipócritas, pero lágrimas al fin. Yo me mantenía a la distancia, entre las sombras de los árboles, invisible bajo la máscara de la Pantera.Mi propio funeral.Desde mi ángulo podía verlos a todos. A los leales, con la furia ardiendo en los ojos por venganza. A los oportunistas, escondiendo sus verdaderas intenciones detrás de pañuelos caros. Y, en el centro de todo, mi familia.Nicola.Su postura erguida, impecable, sin dejar ver ni una grieta de debilidad frente al mundo. Pero yo lo conocía demasiado bien. Aun a lo lejos, veía en la tensión de su mandíbula, en el modo en que sostenía a Vittoria contra su pecho, el dolor en su alma que lo quebraba. Mi niña lloraba con fuerza, sus pequeños dedos aferrados al cuello de su padre como si pudiera evitar que él también desapareciera.“Dios mio, los amo tanto que no sé
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