Vittoria Cuando abrí los ojos, la luz blanca y áspera me lastimó la vista. Durante unos segundos no me moví. Mamá decía que, cuando despiertas en un lugar desconocido, lo primero que haces no es mirar, sino escuchar.Escuché.Un zumbido constante, quizá de algún generador. El sonido lejano de metal golpeando metal. El eco de pasos que no reconocía. Respiré despacio y moví los dedos de las manos como pude. Noté una brida de plástico alrededor de mis muñecas, no demasiado apretada. Me habían atado sin demasiada fuerza. Pensaban que no hacía falta.Giré la cabeza con lentitud.Damiano estaba a mi derecha, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en una pared. Tenía los ojos abiertos y me miraba sin parpadear, como si estuviera contando mi respiración. Augusto y Marcello estaban más allá, juntos, con las manos atadas también, pero la furia en sus caras era más grande que el miedo.No hablé.Uno de los hombres se dio cuenta de que estaba despierta y se acercó. Era alto, con barba des
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