Vittoria
No supe en qué momento dejó de ser una casa y se convirtió en una trampa, pero lo sentí antes de entenderlo.
El sótano vibraba con la alarma y las luces rojas parpadeaban como si estuvieran gritando, y aun así yo no me moví. No porque no tuviera miedo, sino porque el miedo no servía para nada cuando ya era tarde.
Greta apareció en la puerta. No bajó corriendo ni preguntó qué estábamos haciendo. No se sorprendió. Entró con una calma que no comprendí, porque no sabía que ella estaba en