Caminé por los pasillos buscando algún guardia. Me crucé con otros lobos por el camino, pero ahora que sabía la razón exacta por la que me odiaban, preferí buscar ayuda para llegar al comedor con los guardias. Técnicamente no podían ser groseros conmigo. No con la amenaza de Kryos yendo por sus traseros. Confiaba en que, si no me querían, al menos le tendrían miedo a él. Me crucé con un par de mucamas. Miraron al frente, rígidas, como si yo no existiera. Ni una inclinación de cabeza, ni una mueca, ni siquiera el mínimo gesto de reconocimiento. Suspiré. Lo entendía. De verdad que sí. Nadie debía meterse con la comida, mucho menos en un reino donde, al parecer, no era muy abundante para los civiles. Sin embargo… yo no me sentía responsable. Joder, yo no planeé ese jodido banquete, por el amor de la Gran Madre. En el siguiente cruce entre pasillos encontré a un guardia. Me acerqué con una sonrisa tranquila, esa que usas cuando no quieres problemas con alguien que lleva una lanza.
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