Jason estaba muy disgustado y puso mala cara ante la respuesta de su hermana.—¿Quieres la comida de esta noche? —le preguntó Belén a su hermano.—Me gusta mucho, estaba riquísima.Morgan añadió: —Sí, ¡buenísima! Quiero ir a comer a tu casa todos los días.—Por supuesto que sí. Pero tienes que comer bien con Jason y no pensar sólo en jugar.Una vez que Jason y Morgan se reunían, no paraban de hacer ruido y de risas.Como los dos niños eran los varones únicos de su generación, todo el mundo los mimaba. Si sus hermanas y primas no estaban en casa, hacían un desastre en la casa.Los mayores no los disciplinaban, lo único que les importaban era que Jason y Morgan se lo pasaran bien.—Lo prometo.—Vale, chicos, salid a jugar. Poneos los abrigos, que fuera hace mucho frío.Los dos niños se cogieron alegremente de la mano y salieron corriendo.Cuando estuvieron fuera, Belén indicó al mayordomo: —Miguel, me gustaría ver a Axel.Miguel respondió respetuosamente: —Lo entiendo, señorita, iré a in
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