Jason estaba muy disgustado y puso mala cara ante la respuesta de su hermana.
—¿Quieres la comida de esta noche? —le preguntó Belén a su hermano.
—Me gusta mucho, estaba riquísima.
Morgan añadió: —Sí, ¡buenísima! Quiero ir a comer a tu casa todos los días.
—Por supuesto que sí. Pero tienes que comer bien con Jason y no pensar sólo en jugar.
Una vez que Jason y Morgan se reunían, no paraban de hacer ruido y de risas.
Como los dos niños eran los varones únicos de su generación, todo el mundo los m