La luz del amanecer se filtraba entre los pesados cortinajes del ático, tiñendo la habitación de un tono ámbar pálido. Me desperté primero, sintiendo el peso de los dos hombres que me flanqueaban. Por un momento, el pánico intentó asaltarme, el recuerdo borroso de la noche anterior, la sensación de estar dividida, poseída, rota. Pero luego, la realidad se asentó: no estaba sola. Estaba atrapada entre Parker y James, los dos pilares de mi existencia, y la extraña alianza que habían formado durante la madrugada parecía haber calmado, momentáneamente, la guerra interna que me consumía.Giré la cabeza lentamente. James aún dormía, su rostro suavizado por el descanso, una mano apoyada protectoramente sobre mi cintura. Parker estaba despierto, observándome con esa mirada clínica y posesiva que parecía capaz de leer mis pensamientos más profundos. Cuando se dio cuenta de que mis ojos estaban abiertos, su expresión no cambió, pero vi cómo sus dedos se movían, trazando líneas invisibles sobre
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