Narrador OmniscienteLa noche en la mansión Gorkis no traía paz, solo ecos del pasado. Valeria se agitaba en sueños, atrapada en una pesadilla que olía a encierro y miedo.—¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? —murmuró ella entre sueños, con la voz quebrada.—Un amigo de tu tía... y quiero ser tuyo —respondió una voz espectral en su mente.—No, por favor, no... —Valeria corría hacia una puerta donde veía a su tía, pero la mujer solo observaba sin moverse—. Ayúdame, tía, no te alejes...La risa del hombre de su pesadilla la perseguía. Amado, despertado por los sollozos, la observó con una mezcla de lástima y determinación.—Sí que hay mucho que no sé de ti —susurró él, acariciándole la mejilla con una suavidad que no mostraba bajo la luz del sol—. No te dejaré, Vale. No lo haré.Ella, buscando refugio incluso en la inconsciencia, lo abrazó con fuerza. Amado correspondió al abrazo y ambos durmieron, aunque el descanso fue breve. Al despertar, el lado de la cama de Amado estaba frío.—¿Amado? —l
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