Desprecio

Suspiro con pesar al ver la casa de mi infancia, el lugar que debe ser el refugio de todo niño. Donde nada ni nadie tendría que hacerte daño, pero no, mi “hogar” es la excepción. Ver la preciosa casa de tres pisos color rosa salmón con tulipanes decorando el trabajoso jardín, con árboles más altos que la propia residencia y el viejo columpio colgando con seguridad de dos de ellos.

—¿Entramos?— me pregunta mi error de destinado. Siendo una diosa, con poder que sobrepasa al de algunos de tus compañeros, considerada como creadora de razas ¿No tuviste nada mejor que darme? Decepcionada de ser licántropo por culpa tuya.

—No hace falta, el vínculo me dice que mi madre está esperando en la puerta— sin decir algo más, bajo del auto y llego hasta la entrada.

James corre hasta llegar junto a mi y sujetar mi mano entre las suyas. En verdad es repulsivo sentir su tacto, nada de lo que dicen de los mates cuadra con la situación que estoy viviendo, es más, lo siento como un enemigo, hasta mi loba lo rechaza y eso es decir mucho.

—Alfa— la lame patas de mi “madre” se inclina ante el niño que, por desgracia, tenemos como alfa.

—Hemos venido por las cosas de Gianna, al ser mi mate, su lugar está junto a mi en la mansión blanca—

Corté todo vínculo afectivo con ella cuando me dejó sola con este infeliz, por lo que no tengo tacto en tratarla como se merece.

—¿Y mi reverencia? Estás ante tu Luna, no solo el Alfa entró aquí— me mira sin creerse el tono que usó en ella. Es normal, mi posición actual, por naturaleza me brinda una imponente voz, una que nadie puede dejar pasar.

—¿Mi suegra es sorda? No lo recordaba. Tu Luna te dió una orden directa ¡Saluda!— ella salta asustada en su lugar y obedece sin decir más.

—M…mi Luna. B…bienvenida a su hogar— es increíble lo rápido que recurrió a la lastima para hacerme sentir mal. Siempre fue así, lloraba o me ignoraba si eso le ayudaba en su propósito.

—Este lugar ya no es mi hogar, dejó de serlo hace poco ¿Lo olvidaste? Imagino que no. Junto a mi “padre” ya pensaban en qué beneficio obtendrán a través de mi unión con James— juro que tengo un nudo en mi garganta, creí que sentía algo de amor por mi.

—Amo ese carácter, mi Luna. Serás mejor que todas, ojalá nuestros cachorros lo hereden de ti— la incomodidad fue muy obvia en mi cara, no pude evitar hacer una mueca de desagrado.

—Que la diosa Luna bendiga sus palabras y los colme con mucha felicidad. Mis nietos serán nuestra prioridad— no conforme conmigo, quieren obtener algo de los futuros bebés que no tendremos.

Tienen muy buena imaginación, deberían escribir un libro juntos.

—¿Sigues ahí? Sal del camino, quiero salir de aquí lo antes posible— suelto a James y paso por el lado de mi madre.

—¡Espera, mi amor! — esas palabras hubieran sonado como cantos de angeles si las dice mi verdadero mate. Me niego a que James sea mi compañero por la eternidad, antes muerta.

Subo los escalones sin fijarme por el camino, ya conozco tan bien mi amado hogar que hasta el clavo que está soldado en el último escalón tiene nombre.

—¿Gianna? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está el Alfa?— me detengo y cierro los ojos al reconocer al ser que tengo frente a mi.

—Padre, te recuerdo que ahora soy tu Luna ¿No te enseñaron a mostrar respeto? De ser así, estaría encantada de pedirle a James el favor— frunce su horrible cara y sin medir en fuerza me sujeta del brazo.

—Maldita mocosa, soy tu padre, no un muerto de hambre. Aunque bueno, por lo menos no fuiste tan estúpida de rechazar al Alfa. Es lo único bueno que hiciste hasta ahora por la familia— siento como mi loba quiere adueñarse de mi cuerpo y destrozar su sonrisa.

—No festejes tan pronto, padre, James va a desear haber aceptado mi rechazo. Voy a encargarme de abrirle los ojos— ahora soy yo la que sonríe. No va a gozar nada a costa mía.

—No lo hará, solo tienes que mirarlo para saber lo enamorado que se encuentra de ti. Ese chico quedó prendado hasta los huesos— su agarre se ajusta más, sin embargo no me quejo, no voy a darle el gusto de verme débil.

— Como tu Luna te ordeno que me sueltes— mis ojos ya tienen ese color amarillo caracteristico del enfado.

—¿Qué carajos? ¿Por qué tus ojos…— un estruendo nos hace mirar al inicio de las escaleras, James está allí, y no luce nada feliz.

—La pregunta correcta la haré yo ¿Por qué tienes a mi Luna, tu reina, contra la pared?—

—James, él no quiso hacer reverencia, lo reprendí y se enfadó— padre tiene razón, tengo poder sobre él.

Me suelta gracias a la intervención de James, quien no duda en tomarlo del cuello, elevarlo del suelo y romper la pared con su cabeza. Yo miro todo con una sonrisa, una auténtica.

—Ve por tus cosas, yo me encargo del castigo de tu padre— me encojo de brazos y sigo de largo hasta mi habitación.

No hay mucho que pueda llevarme. Mi padre odiaba gastar su dinero en una mujer que no sea mi madre, por eso tenía muy pocas prendas y para nada variadas. Hasta pedía algunas a nuestros vecinos para no tener que darme un solo dólar.

Al inicio trataba de ser la mejor hija, de tener las mejores calificaciones y hasta ser única en los entrenamientos de la guardia. Cada golpe, rasguño, hueso roto; lo veía como una pequeña victoria, con el paso del tiempo y gracias a la fuerza de voluntad, me levanté como un rascacielo.

Ser una omega es una desventaja natural, una que yo usé en mi favor para esconder mi verdadero poder, uno que va más allá de la voluntad de la diosa, a quien ahora desprecio.

¿Cómo se le ocurre darme a ese alfa mimado de destinado? No sé hasta dónde puede ser sabia, no lo demostró en su elección.

—¿En qué piensa mi hermosa Luna?— odio el tono tan posesivo con que dice esas palabras, resaltando el mí.

—En lo cruel que puede ser el destino, y en lo estúpida que es la diosa de la luna— acabo de cometer la mayor falta de respeto al insultar a nuestra amada deidad.

—Agradece a esa estúpida diosa que solo yo te escuché o estarías en serios problemas. Prometo cambiar, hice mal en ser un desgraciado por tantos años, lo reconozco, y por ello seré alguien que merezca una mirada de amor, no de odio— algo en lo que finalmente tiene razón.

—James, fuiste un maldito desde que tengo memoria, no hay nada bueno en mis recuerdos que se relacione contigo— antes lloraba, pero ahora lo veo como una debilidad, por alguien que no vale la pena.

—Lo sé, y voy a cambiar esa percepción, pero para eso también necesito que confíes en mí— dejo de ver el simple paisaje para captar lo que dice y morderme la lengua.

—¿Confiar en mi mayor pesadilla? James, es muy pronto para que me lance al abismo, soy joven y tengo sueños por cumplir— me burlo de él, no pienso ser tan estúpida.

—Dejame ser parte de tus sueños, quiero revertir todo lo que te hice, quiero dejar de ser el villano para ser tu héroe— muy bonito discurso, una pena que no me lo crea.

No necesito un héroe, yo misma puedo serlo y así será cuando escape de la m****a de pareja destinada que tengo.

La mansión de la familia del Alfa se ve desde lo lejos, como buen gobernante vive mejor que el resto de la manada, el lujo se ve desde muy lejos, en las rejas con puntas bañadas en oro.

—Amor… Con respecto a mis padres, hay algunas aclaraciones que deseo hacerte— seguro son reglas, no aclaraciones.

—James, ya me llevo de la patada con tu padre desde que intenté rechazarte, eso es imperdonable para él— me hará la vida cuadritos, ese juego puede ser de todos.

—Desde hoy tienes prohibido hablar del rechazo, me duele escucharlo de tu labios— verdaderamente no tiene idea de lo que es el dolor, pero yo le enseñaré.

—El alfa ya comenzó con las órdenes— llegamos a mi nueva prisión, solo que esta es de oro.

James es el primero en bajar, y a toda velocidad llega hasta mi lado de la puerta, la abre y me extiende su mano como buen caballero, algo que evidentemente no está en su diccionario personal.

—Deja que yo hable con ellos primero ¿Si? — el aire caliente golpea mi rostro, inhalo el aroma del bosque, mi favorito.

—Como quieras, de que tu padre elija cuidadosamente sus palabras no abriré la boca— desde hoy las cosas van a cambiar en mi favor.

Asiente no muy conforme. Algo bueno de ser su pareja es que puedo manipularlo a mi santo antojo, cree lo que digo y hace lo que pido.

Por desgracia me veo en la obligación de sostener su mano, no soy muy querida por la familia real de esta patética manada y claramente James es mi único aliado hasta que logre salir de aquí lo más ilesa posible.

No estoy nerviosa, eso significa erróneamente que les tengo algo de temor o respeto, ambas cosas perdidas desde hace años. Más bien estoy ansiosa por discutir con el Alfa y darle a James una razón más para que acepte mi rechazo.

—Padre, madre— saluda a ambas personas, las que ya estaban esperando por nosotros del otro lado de la puerta.

Es lo feo de ser licántropo, nuestros sentidos tienen un mejor desarrollo y eso arruina las sorpresas.

—Hijo— saluda alegre el Alfa. —Gianna— si, su alegría también es para mí, nótese el sarcasmo.

—Alfa— saludo sin dar la reverencia, cosa que le molesta pero no dice ni pío.

—Me alegra que estén aquí, eso significa que los próximos jefes de la manada seguirán juntos para guiarla— su madre es más conciliadora, de por sí ese el deber natural de la Luna, buscar la paz de los suyos.

—Me alegra afirmarlo, madre, Gianna comprendió que ambos nos necesitamos para seguir y nos dimos una oportunidad— si, muy manipulable el juguetito.

—Eso es bueno, cada quien tiene que cumplir con su deber por más difícil que sea o que busquemos negar algo que la diosa ya planeó— James aprieta mi mano, sabe que el comentario de su padre me hará reaccionar.

—Gianna y yo subiremos a mi habitación para descansar, bajaremos para la cena— ellos asienten, nos alejamos y llegamos al segundo piso.

La mansión es ostentosa, derrochan dinero en tan banal como una casa de miles de metros cuadrados que cualquier dia puede hundirse en el mismo infierno, pensando detenidamente, eso sería un golpe de suerte para mi.

Tengo que escapar esta misma noche, no puedo seguir aquí o me casarán y unirán a James mañana temprano.

Quién diría que el Alfa de una de las manadas más poderosa del mundo sería mate de una simple "Omega", la que siempre fue molestada y atormentada por no ser como ellos.

— Gianna, desde hoy duermes conmigo— ordena con su voz de Alfa, tan potente que nos hace obedecer sin rechistar.

Lástima que no sea como otro licántropo, esa orden es lo mismo que nada.

— James, por hoy me gustaría tener privacidad— estaba por negarse, soy más rápida— Por favor, si buscas tener algún punto a tu favor no vas a negarte—

— No, es desde hoy y no quiero oír nada más. Puedes bañarte, esa es la puerta— señala una puerta blanca.

Sale dejándome sola, con mis inmensas ganas de clavarle una daga de plata en el corazón. Sabía que sus palabras eran vacías, no le importo. No me interesa, hoy salgo de aquí sea como sea.

Me desnudo, paseo por la habitación que es igual de grande que mi casa ¿Era necesario gastar tanto? Es decir, solo dos personas duermen aquí. Admito que es muy bonita, sus colores pastel le dan un aire alegre y juvenil, con ligeros toques de negro en algunos espacios para unificar los colores.

Los muebles son de roble, se nota que están hechos con mucho trabajo, los detalles son preciosos, los lobos tallados a mano demuestran lo grande que es el ego del Alfa.

Por fin puedo relajarme un poco dentro de toda la m****a que vivo ahora, el agua tibia se lleva el estrés, por poco tiempo.

¿Cómo salgo de aquí? No veo otra opción que matar a James, sé que no podría dejar de perseguirme si logro escapar.

Nunca desee algo tanto como ahora, ser libre y no tener que atarme a un hombre como él.

No cuento con nadie más que no sea conmigo misma, mis padres me odian desde que nací y mi hermano hace lo que ellos digan.

Decidido, esta noche recupero la libertad que merezco.

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