OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE (UNIVERSO KYRIAKIDIS)
OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE (UNIVERSO KYRIAKIDIS)
Por: Jeda Clavo
Prefacio

Basha, observaba el resultado del examen, no podía creer esa noticia, tenía una mezcla de temor y alegría. Temor por la reacción de su padre, era un hombre de carácter muy fuerte, implacable, inmisericorde, recio, muchas veces hasta intransigente, no perdonaba los errores, le hacía honor a su nombre, él era un verdadero dios de la guerra, aunque en su defensa era extremadamente amoroso y protector con los suyos, y también alegría porque estaba esperando un bebé del hombre a quien amaba, de Dorian.

Su relación empezó como una simple casualidad, ella escapó con unas amigas, quienes falsificaron sus identidades, para colarse en el antro porque todas eran menores de edad, durante un par de semanas planificaron esa huida, hasta que por fin llegó el momento de ejecutarla. 

Fue de esa manera como se fueron a un antro, dónde lo vio por primera vez, no le dijo ni su apellido, ni su edad y como quedó flechada de amor por él, ese mismo día terminaron en la cama, fue el momento más increíble de su vida. 

Desde ese momento comenzaron una relación, él era cuatro años mayor a ella, no obstante, para el hombre ella era mayor de edad, pues le había mentido.

Por tres meses fueron inseparables, la llevaba a la playa, de paseos a comer a los mejores restaurantes de la ciudad, ella aprovechaba los constantes viajes de negocio de su padre y se escapaba con él, sin encontrar ningún impedimento, pues era tanto su poder de convencimiento y el amor que inspiraba en los demás, que hasta terminó teniendo de cómplice a los propios hombres de seguridad, contratados por su padre para no escaparse.

Sin embargo, nada dura para siempre, por una casualidad del destino Dorian vio en las redes sociales, una celebración de la familia Kyriakidis y allí estaba ella al lado del hombre más poderoso, su padre.  

Ese día, su novio le escribió pidiéndole explicaciones e incluso la llamó como loco y ella no quiso responderle, porque tenía miedo no solo de su reacción, sino también de su padre y lo amaba demasiado para perderlo, él se convirtió en su vida misma, no podía imaginarse lejos de ese hombre, primero era capaz de morir, antes de alejarse. 

No obstante, existían muchos obstáculos en su camino, uno de ellos era que por ciento de años, su familia y la de su novio, habían sido mucho más a competidores comerciales, claramente eran enemigos declarados, lo cual aumentaba las posibilidades de fracaso de esa relación y hacía crecer la desconfianza entre sus familias.

Pues, para su desgracia ese día  Dorian, se enteró que no era mayor de edad y pensó que todo lo vivido fue una trampa de los Kyriakidis para meterlo en problema, creyendo lo peor, le contó a su padre lo sucedido, este de inmediato comenzó a hacer planes para el futuro de su hijo, pero sin incluirla a ella.

Fue así, como su novio anunció al día siguiente de la celebración  de su familia, su matrimonio con la hija de la familia Mylonas. Eso fue un duro golpe para ella, cayó en depresión, no dejó de llorar, preocupando a su padre, quien no dejaba de preguntarle el porqué de su tristeza, sin recibir ninguna respuesta de su parte.

También durante esos días se sintió afectada de salud, no dejaba de vomitar y tener mareos, eso la hizo decidir ir al médico y ahora estaba allí, con esos resultados en sus manos sintiendo una mezcla de miedo y felicidad.

Tomó su teléfono y marcó a Dorian, sin embargo, otra vez obtuvo el mismo resultado, hacía más de una semana de lo sucedido, y el hombre se negaba a tener contacto con ella, no obstante, ella estaba decidida a qué la escuchara y supiera de la vida de su hijo.

Tomando esa decisión, se fue al edificio donde vivía.

—Buen día señor, tengo un problema, mi padre el señor Ares Kyriakidis, tiene un apartamento en el edificio, aunque yo solo traje la llave del departamento y no del ascensor ¿Sería tan amable de marcarme para subir? —preguntó la chica con una sonrisa, pero al mismo tiempo reflejando un aire de inocencia.

—Señorita, lamentablemente no podemos permitir su entrada así, podríamos buscarnos problemas —señaló el hombre con temor.

—Jamás les buscaría problemas, además lo tendré en cuenta, podrá contar conmigo si me necesita —sacó su identificación para demostrarle la verdad de sus palabras.

Al final su insistencia dio resultados y el hombre la dejó subir. Ella caminó al apartamento de Dorian, había pensado en cómo lograr entrar porque si la veía no le abriría, mas ese día, el destino estaba de su parte, la puerta estaba entreabierta y no tuvo la menor duda de entrar, caminó con cuidado de no ser escuchaba, unos jadeos llenaban la estancia.

Caminó con temor, sintiendo como su corazón palpitaba con fuerza en su pecho, las piernas le temblaban, una corriente fría recorría su espalda, apretó el resultado de la prueba en su mano, eso le dio la fuerza para no detenerse, estaba dispuesta a saber que estaba sucediendo, cuando llegó a la altura de la habitación principal los vio. 

Allí frente a ella el hombre a quien amaba, yacía desnudo haciendo el amor con una mujer, la tenía a horcajadas encima suyo, mientras él dibujaba en su rostro una expresión de placer, un dolor profundo sintió Basha, fue como si le hubiesen clavado en el pecho un filoso puñal, a pesar de haber querido controlar las lágrimas estás cayeron copiosamente por su rostro. 

Pensaba retirarse en silencio, cuando Dorian la vio.

—¡Basha! —exclamó burlesco—. Si venías a tener sexo conmigo, pierdes tu tiempo, ya se te han adelantado. Además, jamás puede comprarse la experiencia de una mujer como Ileana, con una estúpida mocosa como tú.

» ¿Qué pretendías? ¿Creías que podías engañarme por siempre? Claro, es que así son los Kyriakidis, les gusta jugar con los demás para sentirse poderosos. Lamentablemente tu engaño no podrá seguir y como estamos en una de sinceridad, lo seré contigo —tomó un short a su lado y se lo puso.

» Yo no te amo Basha, también jugué contigo, solo quería ver cómo era estar con la chica ingenua y virgen, yo jamás podría fijarme en ti para tener una relación seria contigo y ahora mucho menos, cuando se que mezclaría  mi sangre con una familia tan repugnante como la tuya, ya suficiente asco tengo por haber yacido contigo, como para siquiera imaginarme ser padre de un Kyriakidis.

El hombre siguió despotricando en contra de ella y su familia, no pudo contener su tristeza, sintió su corazón partirse en cientos de pedazo.

—Entiendo —habló alzando su barbilla con todo el donaire dado por ser una Kyriakidis—. Algún día Dorian, te vas a arrepentir de esto, pero ese día ya yo no querré saber nada de ti. Gracias por la lección enseñada.

Se dio la vuelta y salió de allí, deseando morirse, sentía que no valía nada y su vida no tenía sentido, mientras salía no se dio cuenta de que el resultado de los exámanes en sus manos cayó al suelo.

*****

Ares Kyriakidis, se encontraba en la oficina del gran complejo empresarial AKS, el edificio más grande de Grecia, estaba en una reunión virtual con varios de sus socios en diferentes partes del mundo, cuando entró su ayudante Egan, sin tocar aunque con su rostro extremadamente pálido.

—¿Qué pasó Egan? ¿Cómo te atreves a entrar de esa manera en mi despacho cuando estoy en una reunión? —preguntó indignado.

—Lo siento señor, es algo urgente, no puede esperar —se defendió el hombre.

—A menos que el mundo se esté acabando, haya una bomba en el edificio o se esté muriendo alguien, no creo exista un motivo para que entre de esa manera a mi despacho —habló en voz alta, su rostro transformado del enojo mientras golpeaba su escritorio.

El hombre tragó grueso y con un semblante dónde reflejaba la profunda tragedia respondió.

—¡Es su hija señor! —Egan sentía las palabras atascadas en su garganta.

—¡Maldita sea hombre! ¿Será posible que hables de una vez? ¿Qué pasó con Basha? —preguntó, pensando se trataba de solo una travesura de su hija adolescente.

—¡Está muerta! —exclamó.

El rostro de Ares, por apenas poco segundo palideció, pero luego se transformó  convirtiéndose en una máscara de absoluta frialdad, aunque su voz era el doble de gélida, tomó el vaso al lado de su escritorio para beber su contenido.

—¡A mi hija no le ha pasado nada! ¡¿De dónde diablos sacas esa mentira?! —preguntó rechinando los dientes con furia, parecía estar a punto de rompérselos por la fuerza.

—Lo siento señor, es verdad, su madre llamó, la policía fue a informarle que Besha se quitó la vida arrojándose al río Cefiso —respondió el hombre y en ese momento observó como su jefe reventaba con una mano el vaso de vidrio, mientras la sangre comenzaba a caer brotando de sus manos. 

—Averigua lo sucedido. ¡No dejes un maldito cabo suelto! Porque de hacerlo tú me pagaras con tu vida. Voy a hacer pagar a quien haya llevado a mi hija a tomar esta decisión, llorará lágrimas de sangre y deseará el mismo acabar con su propia vida, para no sufrir las consecuencias de mí odio, porque así me consuma en el proceso voy a ejecutar mi venganza—afirmó con un aura de absoluta crueldad, haciendo estremecer de miedo a su ayudante. 

«La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno». Walter Scott.

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