La obsesión de Marchetti
La obsesión de Marchetti
Por: Yerimil Perez
Preludio

Para un humano, cincuenta años es toda una vida, se dan todos los lujos que puedan costearse, se enamoran, se reproducen y luego mueren, porque es la ley de su naturaleza, sin embargo, el tiempo para un ser sobrenatural no es nada y menos cuando este lo tiene todo.

Su rostro sombrío, su barba cortada a la perfección, el cabello de su cabeza raspado y unos lentes de sol cubriendo sus ojos carentes de alguna emoción, es lo que reciben las personas que caminan por la calle de Venecia al ver a ese hombre de traje azul marino y un metro noventa de estatura.

Muchas mujeres se detienen a mirarlo; haciéndose la idea de que es algún modelo italiano, sin embargo, no tienen la suerte de llamar su atención, Enzo Marchetti no tiene el más mínimo interés por humanas hormonales y maldice el tapón que recorre la calle que lleva a la empresa que maneja.

La reunión es tan importante que tuvo que bajar del auto y emprender camino a pie, ya que de lo contrario estaría llegando tarde. Este proyecto es muy importante y también está el detalle de que no quiere verse como un irresponsable, menos en frente de unos hombres a los que le lleva veinte años y creen que Enzo es un jovenzuelo que heredo la industria de su padre.

La concentración del hombre trajeado está en avanzar entre las personas que caminan en la acera, mientras que, por otro lado, no se da cuenta de que una joven con un helado camina directo a él. No logra esquivarla a tiempo y colisiona contra su cuerpo porque ambos iban distraídos, ella enseguida por el impacto contra el fornido italiano retrocede y sus ojos van hasta la mancha de helado que ha dejado en la carísima ropa de ese señor.

—¡Oh mi Dios! ¡Lo siento tanto!

Guarda dove stai andando! (¡Mira a dónde vas!) —le grita con su voz ronca mientras que su ceño se frunce al ver la mancha y luego lleva su mirada a la mujer frente a él.

Por un momento Enzo consideró estar frente a un fantasma, tal vez en un estúpido sueño; sin embargo, la voz en su auricular lo hace regresar a la realidad.

Signor Marchetti, c'è qualcosa che non va? (Señor Marchetti, ¿Pasa algo?) —cuestiona su secretaria.

Ho bisogno di un cambio di vestiti.  (Necesito un cambio de ropa) —le dice.

—Señor, discúlpeme, —la chica se disculpa, mientras que su rostro se torna rojizo por la vergüenza, ya que lo ve bastante enojado y no entiende nada de lo que le dice.

Akor, seguila e indaga su di lei. (Akor, síguela e investígala) —su orden es clara hacia su guardaespaldas del otro lado de la calle, que es un león.

Sí, alfa, —responde por el enlace de manada. 

Enzo no deja de mirar a la mujer, sin embargo, no tiene tiempo para quedarse allí parado, por lo que pasa por su lado y sigue su camino hacia la empresa, Mia respira con calma cuando el hombre decide pasar de ella y su madre logra alcanzarla.

—Mia, te dije que no te alejes tanto, —la regaña.

—Lo siento ¿Dónde está Ashley? —interroga.

—Esperando en la heladería, —emprenden camino al lugar mencionado y estando allí, Mia toma asiento junto a su mejor amiga. —Quédense aquí, iré a la tienda del frente, —las chicas asienten.

—¡Dios! —suelta Mia tapando su rostro, lo que llama la atención de Ashley.

—¿Por qué estás altera y con la blusa manchada? —interroga.

—Acabo de pasar la vergüenza más grande de todas, —le dice—Choque contra el cuerpo de un italiano enorme y por un momento pensé que era con un muro hasta que lo escuche gritarme algo que no entendí, —su amiga alza sus cejas. —Fue muy bochornoso, se notaba bastante caro su traje, con suerte y no me hizo un escándalo para que le pagara, —añade.

—¿Era guapo? —Mia deja salir un bufido.

—Con el miedo que me provocó, no me fije en su rostro, tampoco tenía ojos más que para la mancha que deje en su ropa, —expresa.

—¿Miedo?

—Su voz era tan dura y gélida, me causo un terror horrible, —expresa, Ashely no sigue preguntando más sobre el tema y cuando la madre de Mia regresa, se van al hotel mientras que la joven de piel blanca y cabello castaño oscuro tiene una extraña sensación de que alguien la está observando.

Llegar a Italia fue una casualidad, encontrarse parte del destino, pero caer en las garras del mafioso fue una estrategia sumamente calculada.

La obsesión de Marchetti

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