Lenis, Peter y George, de pie en medio de la sala del apartamento del abogado, se quedaron mirando entre sí, pero mayormente ambos hombres la observaban, expectantes, ante lo que ella podría decirles en cualquier instante.
Lenis miró a uno, luego al otro, estando en medio de los dos.
—Lo que ustedes me han hecho —miró a Peter—, van a pagarlo algún día. Lo sé.
Peter hizo una mueca de aburrimiento, como si se estuviese diciendo a sí mismo: “lo que faltaba”.
—Mira, Lenis —intervino el agente de