—Buenas tardes —saludó Lenis a la mujer con la que se topó en la entrada del edificio.
Ambas damas compartieron una mirada entre sí, pero nada de gran importancia.
Lenis saludó al recepcionista.
—Señorita Evans, qué bueno verla por acá —dijo el joven vestido con uniforme marrón oscuro con el emblema del complejo en su camisa y en su sombrero.
—Gracias. Espero te encuentres bien. ¿No sabes si el señor se encuentra en casa?
—Sí, señorita. Llegó hace algunas horas. El señor Embert también se e