Mundo ficciónIniciar sesiónVlad se detuvo. Miró su reloj. Su ritmo cardiaco no superaba las ochenta pulsaciones, excelente para haber estado corriendo. Secó el sudor de su frente y continuó su rutina de ejercicios por los alrededores de la mansión. Lo dicho por Sam seguía dando vueltas en su cabeza. Era una ingenua si había caído con unas cuantas palabritas dulces de su madre. Y esa ingenuidad no era nada buena para ella. Su progenitora estaba hundida hasta el cuello, no tenía dudas y pronto tendría evidencia







