Abren la puerta y rechina escandalosamente, me tiran bruscamente en un colchón y salen sin más. Me aseguro de que nadie pueda verme, muevo mis manos hacia los lados para reavivar la circulación y me espanto al mirarlas, están cubiertas de sangre debido a los cortes que el plástico hizo. Trato de ignorar el impacto y saco el móvil, tecleo el número de Lucía, es el único que me sé. No hay respuesta…
—Por favor, contesta— susurro mientras vuelvo a llamar pero no obtengo respuesta. Escucho pasos ace