Es extraño pero he dormido plácidamente. Tal vez estaba muy cansada o los desinflamatorios han hecho a la perfección su trabajo. Me pongo de pie y como todos los días me preparo para ir al trabajo cuando escucho de nuevo golpes en la puerta, algo en mi estomago se revuelve al ver las flores que he recibido anoche así que acudo sin ningún tipo de alerta a pesar de la hora y la abro. Error número uno. —Papá…— él tiene una sonrisa burlona y entra haciendo un desastre a su paso. —Necesito dinero, dámelo— tengo un poco en la bolsa y lo saco presa del miedo—. ¿Esto?, Esto no me alcanza para nada, ¿dónde tienes el resto?Mi cuerpo comienza a temblar y no puedo ni quiera respirar.—No tengo nada más papá—tira una lámpara al suelo y esta se rompe en pedazos, esta vez los vecinos no cederán.—¿Dónde está?,—me toma del cabello y me lleva hasta la sala. Caigo contra el sillón—. ¡Saca el resto del dinero, estúpida!—No tengo más papá, es todo— digo entre lágrimas —¿Es todo?, dices que es todo—
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