Capítulo 4.

—Soy la inspectora Adams. Te haré un par de preguntas y necesito que respondas con honestidad para poder ayudarte, ¿de acuerdo? —dice una señora ni muy mayor, ni muy joven. Es muy elegante y rubia. Estoy en lo que parece ser la sala de interrogación. Lo he visto en muchas películas.

Asiento con la cabeza para que comience.

—Hemos identificado a su acosador. Su nombre es Frank G. Uno de los mafiosos más buscados de toda la ciudad. ¿Puede decirme cuál podría ser la razón por la que se acerca tanto a ti? —empieza. Estoy dispuesta a decir toda la verdad. Al menos, lo poco que sé.

—Mi madre es prostituta. Llevaba sus clientes a casa y él era uno de ellos. Siempre me miraba con morbo, pero lo ignoraba. Hasta que ayer todo se salió de control. Estaba sola en mi habitación, desnuda. Solo olvidé asegurar la puerta, así que entró, me agredió y me...y me...me...me...violó. — lo suelto, sin impedir que el llanto se apodere de mí nuevamente.

He fingido ser la más fuerte cuando la verdad es que estoy en mil pedazos por dentro. Me da un paño para secarme las lágrimas.

— ¿Qué pasó después? — respiro profundo.

—Martha, mi madre, lo apuñaló varias veces por la espalda. Yo vi cómo se desangraba y moría en la habitación. No entiendo cómo es que sigue con vida. Me dijo que fuera al burdel porque allí recibiría ayuda de algún modo, también que quemaría la casa con él dentro y vendría por mí cuando tenga todo bajo control. No tengo idea de lo que está pasando, pero quiero a ese repugnante ser lejos de mí. — seco mis lágrimas en cuanto vuelven a salir.

—Tenemos grabaciones de las cámaras de seguridad de lo que pasó en su casa después de su salida. —coloca una tablet en frente con el vídeo de las cámaras de seguridad —Su casa fue quemada cuando su madre salió con Frank… muy abrazados. Seguimos la matrícula del vehículo en que escaparon y poco después apareció abandonado en una zona despejada, sin rastros de ninguno de los dos. Desde entonces, están en busca y captura. Con la reaparición de Frank, cientos de patrullas estarán buscándolo y lamentablemente, como su madre es cómplice, también pagará por todos sus delitos, mucho más ahora, después de lo que te hizo. Solo quiero que sepas que no tienes la culpa de nada, ¿ok? — lo sé, pero, aun así, no deja de doler.

—Para completar los procesos, irás con un médico y una psicóloga para que terminen de examinarte. — se nota lo buena persona que es.

—¿Qué pasará conmigo ahora? —se levanta.

—Él es el agente Anderson. Se encargará de tu seguridad hasta que podamos detenerlo. Así evitaremos que vuelva a acercarse a ti. — un agente rubio, alto y apuesto, entra y me lleva con él. Al salir, Jack está ahí. Parado con las manos en sus bolsillos mirándome fijamente.

¿Habrá escuchado mi confesión? Seguramente sí. No debería avergonzarme pero es inevitable. No es bonito que tanta gente, sobre todo él, conozca mi apestosa historia. Ni siquiera puedo mantener el contacto visual. Así que solo paso por su lado hasta llegar a la puerta de salida.

Horas más tarde.

Luego de varios estudios, de que un médico legista me revisara y estuviera al menos 2 horas hablando con una psicóloga, Eric (el policía rubio que me ha acompañado) me lleva de regreso al departamento federal. Se ha presentado y me cae muy bien. Es divertido e intenta animarme un poco con sus chistes raros.

Bebo poco a poco el delicioso chocolate que me ha comprado. No sé si podré conseguir algo para comer después, así que lo ahorro lo más que puedo.

—¿Entonces…tú serás como mi…guardaespaldas? —pregunto mientras conduce de regreso.

—No es el calificativo exacto pero algo así. Seré tu protector personal.

—Bueno, al menos tú sí eres agradable. —comparado con el agente Connor, lo prefiero mil veces. Aunque de igual manera, no estoy en posición de escoger.

—Ya veo que conociste a Jack, mejor conocido como el agente Connor. —capta la indirecta. —Sí es…un poco brusco y difícil de tratar, pero es buena persona. Te sacó de ese lugar sin conocerte, así que agradece. —me quedo callada. Es cierto que tiene razón, pero tampoco puedo confiarme del todo de un hombre como él.

Finalmente llegamos.

Le entrega todos los resultados del doctor a la secretaria y los archiva en un expediente que lleva mi nombre delante. "Caso Melanie Cross". ¿De verdad soy todo un caso para que hagan todo esto? ¿Hay algo de lo que todavía no me entero?

— ¿Qué harán conmigo ahora? —le pregunto a Eric cuando nos detenemos en una esquina.

—Según el procedimiento en estos casos, te llevarán a una casa de seguridad acompañada de un agente, que, por cierto, como ya te dije, soy yo. Estaremos en ese lugar por un tiempo hasta que sepan el paradero de Frank y formemos un plan para atraparlo totalmente. — contesta.

— ¿Hacen esto con todas las víctimas?

—No. Solo a las que las persigue un mafioso con problemas mentales suelto por ahí. — no debería reírme porque esto es más serio de lo que me puedo imaginar, pero la forma en que lo dice me hace gracia.

Justo en este instante, llegan la inspectora Adams y Jack. El cual, no tiene buena cara que digamos.

—De hecho, algunas cosas han cambiado, Eric. He decidido reasignar la misión a otro agente. Este asunto necesita mucha discreción y formalidad, sin dejar atrás el profesionalismo, cabe recalcar. — indica la inspectora. ¿Le habrá molestado algo?

— ¿Reasignar la misión? ¿A quién? — Eric tiene dudas.

—Al agente Jack Connor. Él se hará cargo de la seguridad de la señorita y nos mantendremos en contacto. El protocolo seguirá siendo el mismo. — responde. Noto que a Jack no le agrada para nada la idea por la forma en que la mira. Eric, al contrario, tenía muchas ganas de hacer esto y la cara de desilusión que lleva me da hasta pena.

¿El problema soy yo o hay algo interno entre ellos?

— ¿Eso es chocolate? Es mi favorito. ¿Eric te lo obsequió? — ataca los ojos cuando lo mira.

—Sí. ¿Quiere tomar? —le ofrezco, pero se niega.

Se retira con Eric y me deja a solas con Jack. No puedo sentirme más incómoda. Siento que estoy dando problemas aquí, aunque él fue quien me convenció de venir.

—Lamento si estoy causando problemas. —digo a una corta distancia de él, arrimados a la pared.

—No tienes nada que lamentar. Hemos tenido ciertas experiencias que ponen en juego muchas cosas. Eric está que babea por ti. —contesta. Ni siquiera sé qué decir al respecto. No creo que ese sea el caso.

—No preguntaré de qué se trata exactamente, pero espero que esta situación no sea incómoda para ti, más de lo que ya sé que es.

—La misión, ni tú son el problema. Solo hay algunas cosas que no puedo controlar y eso me molesta. Es cosa de la inspectora y yo, nada que ver contigo, tranquila. — al menos eso me deja más tranquila.

— ¿Y cuándo nos iremos? —cambio de tema.

—Esta misma noche, en la madrugada. Tengo que preparar alguna de mis cosas. Nos vemos al rato. — y se va. Esta situación, con él, se vuelve cada vez más incómoda.

Le pregunto a la secretaria si puedo hacer una llamada, la cual, responde que sí, constándome que solo serán 3 minutos (por precaución de que no puedan rastrearme) y que toda la llamada será grabada por seguridad.

Acepto y marco el número de mi hermano.

Suena dos veces y a la tercera contesta. Las lágrimas vuelven a salir de mis ojos al escucharlo.

— ¡Junior! ¡Santo Dios! ¿Estás bien?

¿Melanie?

— ¡Sí! ¡Soy yo!

¿Estás bien? Martha me llamó para decirme lo que había pasado. —se le oye muy agitado.

— ¿Qué te dijo exactamente?

Que tú provocaste a Frank, lo llevaste a tu habitación y dejaste que se aprovechara de ti. ¿Qué demonios pasa por tu cabeza?

— ¡¿Qué?! ¿Qué estás diciendo? ¡Eso es mentira! ¡Las cosas no pasaron así, Junior, ¡tienes que creerme! Yo no soy así y tú lo sabes. — no puedo creerlo.

Te pediré de favor que no me busques más. Al fin pude recuperar la relación con mi padre y me estoy quedando con él. Lo que más temía, terminó sucediendo. Vas a terminar vendiéndote igual que ella. Mucha suerte en ese burdel. Haz de cuenta que no tienes hermanos. Nos harías un favor a los dos. — y cuelga. Esto ya es demasiado. Aunque, que haya mencionado a su padre con lo mucho que lo odia, se me hace muy extraño. Él jamás me diría esas cosas sabiendo cuál siempre ha sido nuestra realidad. Algo anda mal.

Tengo la temperatura ardiendo y siento como si me acuchillaran todo el cuerpo una y otra vez. Cada vez, me confundo más y más, pero es más que claro que estoy sola a partir de hoy. La protección de la policía es todo lo que tengo en el momento.

Corro hasta el baño para vomitar lo poco que he comido hoy. Lo que me faltaba. Esto es horrible. Me enjuago la boca y me miro al espejo. Mi vida ya es un desastre. Un pantano que me hunde cada vez más y no sé qué más me espera a partir de ahora.

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