Capitulo 4

El verdadero problema de él eran sus ojos, siempre habían sido sus ojos.

Por mucho que él mismo quisiera evitarlo, sus emociones siempre alcanzaban sus ojos.

Cuando estaba molesto, sus ojos se llenaban de una sombra gris que no podía detener, así su rostro se mantuviera impasible.

Cuando estaba contento, aun así no sonriera, sus ojos se llenaban de luz.

Cuando estaba frustrado, triste, cansado, avergonzado, esperanzado; lo que fuera, lo que sea sintiera, aunque en su rostro no se mostrara, si lo hacía en sus ojos.

Y en ese momento, ella estaba viendo algo que no podía identificar en sus hermosos ojos dorados, la estaba mirando directamente con una emoción que ella no sabía identificar.

Por primera vez, desde el momento que lo conoció, por primera vez la estaba mirando verdaderamente a ella. Sus ojos estaban plenamente concentrados en ella, si lo miraba a los ojos directamente sabía que se vería a si misma en sus ojos llena de miedo, confusión y aún así mucha anticipación.

Lo primero que había amado de Emmett habían sido justamente sus ojos. Amaba esos orbes dorados, y lo único que había deseado todos esos años había sido que la miraran.

Por eso aunque siempre se había sentido descorazonada en el fondo e infeliz… al mismo tiempo se sentía dichosa de poder pasar tiempo a su lado, aunque él estuviera al lado de Alessa.

Había sido cruel con ella misma, algo… masoquista, pero lo quería tanto que se había conformado con las migajas que tuviera de él.

Y ahora, él la miraba a ella, y sólo a ella… y no sabía cómo es que debería reaccionar.

¿Cómo había llegado a esa situación?

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

  • Buenos días pequeña.

  • Buenos días Cole.

Él se acercó a ella con el café de la mañana, y esta vez su saludo vino acompañado con un dulce beso en los labios, él había adelantado algo de su café y sabía también a fresas.

  • Mmmm, una chica podría acostumbrarse a un saludo así —dijo rompiendo el beso—. Café y rastros de donut con relleno de fresas.

  • Me da gusto que lo pienses —dijo con una sonrisa divertida.

  • Buenos días, Sallow.

Astrid volteó a ver a la persona que le había dado los buenos días; aunque sabía perfectamente quién era, la sorprendió. Seguro los había visto y la idea realmente no le gustó.

  • Buenos días, Emmett —dijo con cierto nerviosismo.

  • Buen día, Jordan —dijo con seriedad.

  • Buen día —respondió igual el joven de ojos azules.

Emmett, no se quedó mucho tiempo al lado de la pareja, rápidamente pasó rumbo al edificio.

  • ¿Desde cuándo el chico te da los buenos días? – le preguntó Cole a su novia mientras caminaban juntos al edificio, varios pasos atrás del joven de ojos dorados.

  • Creo que llegamos a una especie de acuerdo anoche —dijo ella sin rodeos.

  • ¿Anoche?

El tono de Cole estaba más lleno de curiosidad que de reclamo. Astrid no había esperado que él fuera realmente celoso, lo que estaba muy bien. En el mismo momento que él hizo su pregunta, ella supo que podía decirle la historia sin omitir nada.

Nunca había sido realmente buena para las mentiras y no iba a empezar una relación con él con ellas.

  • Veras —comenzó a explicarle—, te he platicado que conozco a Emmett desde hace algunos años, ¿verdad?

  • Bueno, tenemos tanto de conocernos, que cuando supo que iba a salir contigo se preocupó porque todo saliera bien —dijo animada, esperando que Cole no sacara conclusiones erróneas de su comportamiento—. Nunca fuimos realmente muy amigos, él, era el novio de Alessa… la amiga que… —respiró hondo, ya le había contado a Cole sobre ella, no hacia falta redundar—. Pero en realidad nosotros no nos tratamos demasiado. Cuando él demostró tanta preocupación por mí… Bien, pensé que quizá sería una buena idea que fuéramos amigos.

  • Y eso fue anoche —insistió Cole—. ¿En qué momento?

  • Creo, que él estaba cerca de mi casa para saber si llegaba con bien —respondió lo que ella misma había creído.

  • Bien —dijo él, con tranquilidad—. ¿Qué puedo decir? Yo haría lo mismo en su lugar seguramente.

  • ¿No te molesta? – preguntó incrédula.

  • Por supuesto que no, pequeña —dijo con una sonrisa que lucía sincera—. Creo que es un chico… extraño, pero me parece realmente decente; incluso a mi me gustaría entablar amistad con él, pero es siempre tan reservado.

  • Lo sé, y es muy extraño —dijo sin poder ocultar su preocupación—. Él no es naturalmente así.

Cole sonrió y le pasó el brazo por encima a la joven cuando ya estaban entrando en el salón de clase, con una enorme sonrisa.

  • De verdad pequeña gaviota, me gusta tanto esa generosidad en ti —dijo con ternura—. Sólo espero que de verdad un día esta no juegue en tu contra.

Astrid sonrió, cuando Cole le decía que era una chica generosa casi lo podía creer. Pero si él supiera la verdadera fuente de su preocupación por Emmett, no estaría igual de complacido.

.

.

  • ¿En serio no te molesta? —le preguntó el joven de ojos azules teniendo a su novia en brazos.

  • Para nada Cole —dijo tratando de ser sincera. No es que no le importara, pero entendía la importancia de lo que tenía que hacer—. No es que estemos pegados de la cadera, ve.

  • Voy a echarte de menos, esperaba poder ser tu sombra y tu sirviente por lo menos una semana, desde que me dieras el si.

  • ¿Sólo una semana? —dijo con un puchero—. Eso es muy desalentador.

  • Regresaré en una semana y te lo compensaré.

  • Ve, llámame de vez en cuando, me gustará saber de ti.

  • Lo haré sin duda pequeña, pórtate bien.

  • Lo intentare.

Le dio otro de esos largos e increíblemente agradables besos y por fin se fue.

Al salir de clase habían quedado de ir a comer a algún lugar, pero en medio del trayecto habían llamado a su celular, a medida que atendía su expresión cambiaba a contrariada, más y más.

Su madre le había hablado por teléfono y le pidió que fuera a verla, su padre tenía un problema de salud y no quería estar sola por el tiempo que estuviera convaleciente, así que iba a casa a quedarse una pequeña temporada.

Y él se había sentido mal por dejarla sola después de tan poco tiempo de relación. Ella se sentía en parte alagada, no esperaba que él pusiera en tan alta valía su relación y por otra, le apremiaba el sentimiento de que Cole fuera con su familia que la necesitaba.

Esperaba que su padre estuviera bien, pero era realmente triste saber que no lo vería una semana entera. ¿Qué tan rápido podías acostumbrarte a la presencia de una persona? Era asombroso.

La llevó a casa y se despidió de ella allí, lo vio después bajar por la misma calle del día anterior y suspiró. Se lamentó de la semana que pasaría sin él, y una pequeña parte de ella también se preocupó, ¿Qué podía pasar esa semana sin él?

.

  • Puedo sentarme aquí.

Astrid miró a Emmett sentado de nuevo solo en el final de la cafetería leyendo un libro, con un plato con comida intacto delante de él, ya que Cole no estaba podría aprovechar el tiempo para estar con Emmett sin que hubiera ningún tipo de enfrentamiento, tenía un montón de preguntas que hacerle.

  • Claro, pero… —dijo mirando alrededor con una ceja levantada.

  • ¿Temes que Cole venga aquí y quiera portarse algo medieval? —dijo divertida—. Tranquilo eso no pasara, tuvo que ir a Estados Unidos una temporada.

  • Oh —dijo sin demasiado pesar—. Siéntate.

Ella se sentó a su lado y miró el titulo de su libro, otro libro de perfiles criminales, suspiró suavemente.

  • Imagino que has tomado una elección entonces, ¿cierto?

  • Creo que si —dijo con una sonrisa—. Creo que siempre he tenido gusanito, si hubiera nacido hace 500 años me habría encantado andar por allí con una enorme espada en las guerras del sengoku pateando traseros.

Astrid no pudo sino reír divertida imaginando la pinta que tendría. Él bajó el libro y atacó la hamburguesa, seguramente fría, delante de él con hambre, ella removió la crema de su café mirándolo.

  • ¿Has sabido algo de Imperial College London? —preguntó sólo por tener un tema del cuál hablar—. Sango me llamó hace poco por teléfono pero ya sabes, a veces creo que no sabe hablar más que de su novio y realmente no me he enterado de nada.

  • No en realidad —respondió sin ánimo—. Mi hermano está también todo el tiempo fuera y no tengo noticias de nadie más.

  • ¿De ninguno de tus amigos? —preguntó con curiosidad.

  • No deje amigos en Imperial College London —dijo seriamente.

  • Pero…

  • No los dejé Astrid, es todo.

Ella permaneció en silencio un momento, esta era otra de las cosas que la molestaban de su comportamiento, él no era apático, nunca lo había sido.

  • ¿Qué es lo que pasa contigo Emmett? —dijo un poco violenta—. Dejamos muchos amigos del colegio, no puedes despacharlos sólo así.

  • Si que puedo —dijo con voz dura.

  • Pero, ¿por qué…?

  • Ellos me… —guardó silencio.

  • ¿Qué? —preguntó.

  • Todos ellos —la miró con frialdad a los ojos—, empezaron a inventar un montón de mentiras.

  • ¿Mentiras? —preguntó con autentica curiosidad.

  • Tú ya no estabas allí —dijo con cierto resentimiento, pero no para ella—. Lo entenderías entonces.

  • ¿Qué es lo que debo entender? —dijo aun más confundida.

  • Lo que todos empezaron a decir de Alessa —respondió alejando su mirada de ella.

Astrid sintió un escalofrió helado bajar por su columna.

No, nadie más se había enterado de los secretos de Alessa, ¿cierto? Sólo ella y… ¡No! Él no podía decir nada, no le convenía.

Miró a Emmett, sus ojos se habían oscurecido con ira, sus nudillos se veían blancos en sus puños cerrados.

  • ¿Qu-Qué es lo que decían? —preguntó tratando de no tartamudear.

  • No quiero hablar de ello —dijo tajantemente.

  • Pero… ¿Por qué? —dijo con un nerviosismo que no podía evitar—. ¿Qué es lo que decían de Alessa?

  • Que no quiero hablar de ello, ¿no has entendido? —dijo casi en voz a grito.

Sin más tomó su libro y se levantó de la mesa con cierta violencia.

Astrid nunca lo había visto así y la verdad era que la había asustado un poco. Por supuesto sabía que Emmett tenía un carácter fuerte, pero nunca lo había visto tan molesto. ¿Qué podían haberle dicho que lo pusiera tan furioso?

Sin detenerse a pensarlo se levanto de la mesa y corrió para alcanzarlo, con largas zancadas él había avanzado varios metros, pero logro alcanzarlo antes de que entrara al edificio de aulas.

  • Emmett…

  • Déjalo estar Astrid.

  • No me importa lo que hayan dicho de Alessa —dijo recuperando el aliento—. Yo la amaba y es lo único que me importa de ella. Y tú sentías lo mismo, ¿no es así?

—Si —dijo en voz baja.

  • Y confiabas en ella.

  • Si, siempre confié en ella —dijo con más fuerza—. Por eso, me enferma las cosas que dijeron de ella, nadie la conocía como yo… ellos.

  • Prometo no volver a preguntar nada —se apresuró a decir Astrid, Emmett tenía una imagen ideal de Alessa y quería que la conservara.

  • No quiero saber nada más de ellos, por lo que a mi respecta, no son mas mis amigos…

  • ¿Con excepción de mí? —preguntó con esperanza.

  • Si, con excepción de ti.

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: End Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

Astrid cerró los ojos un momento, desconectándose de él. No, esto no estaba bien.

Dios, él seguía amando a Alessa, lo podía escuchar en su voz, en la furia con la que aun la defendía y… por sobre todo aun estaba en sus ojos.

Si él empezaba a ver a Alessa en ella como mucha gente lo había hecho. No, no eso no lo soportaría.

  • Es hora de la clase —abrió sus ojos, él aún la observaba pero ella se negó a mirarlo de nuevo—. Vamos se hará tarde.

Avanzo delante de él peleando con sus sentimientos, no debería ser su amiga, nunca podría dejar de quererlo si no se alejaba de él.

Pero no podía alejarse de él, el pensamiento persistente de que Emmett la miraba por primera vez, que la apreciaba por primera vez, iba tan al fondo de su corazón, que no sabía como podría abandonarlo por voluntad propia.

No sabía como había llegado a esta situación y la verdad fuera dicha no sabía como haría para salir.

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