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Pasaron los minutos, y Amelia no se quiso separar de él, rodó con él en la cama quedando frente a frente, mientras recuperaban el aliento, mientras sus corazones volvían a latir con normalidad. Se abrazaron, se besaron, se dijeron cosas sucias y tiernas sin orden alguno.

Estás buenísimo.

Eres preciosa.

Me encanta cuando estás dentro de mí.

Te comería.

Estás ardiendo.

Y

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