Padre e Hija

— Suéltame — se quejó Alexandra, intentando desesperadamente alejarse de quien fuera que la tuviera atada de manos, la venda que cubría sus ojos se deslizó y finalmente le obligaron a sentarse en una silla metálica, estaban en una habitación con iluminación pobre, y frente a ella, su padre.

— No seas brusco, Ixander — se quejó Pietro, y Alexandra se congeló al mirar hacia su izquierda, donde Ixander,

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