Capítulo XVI

Examino las flores, una por una. Han tomado fuerzas, pues se ven espléndidas, llenas de vida. No dudo en sonreír. Su nombre, en la madera que ya parece vieja, reluce más por los colores enigmáticos de cada pétalo que la rodea.

Ya se me ha hecho costumbre visitar su tumba cada vez que puedo.

Han pasado dos semanas, días largos y cansinos. No he tenido respuestas sobre Zelig, papá lo único que hace es bajar la mirada y evadir

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