UN GRITO EN EL SILENCIO Y UN CRIMEN
UN GRITO EN EL SILENCIO Y UN CRIMEN
Por: Williams Romero Pestana
BERLIN

Erika Wagner y Johannes Hoffman eran una joven pareja alemana, oriundos de Sindelfingen,  una ciudad ubicada en el estado alemán de Stuttgart Wurttemberg,  conocida por su economía basada principalmente en la industria del automóvil,  debido a la presencia de las fábricas de Dalmier, AG, Smart y Mercedes Benz.  Habían vivido y sufrido los avatares de la Segunda Guerra Mundial la cual ya había finalizado, aun así, los años subsiguientes estuvieron llenos de tragedia, dolor, sufrimiento y muchas dificultades.  Erika, terminada la guerra, aún seguía siendo enfermera voluntaria y eventualmente asistía a colaborar en un consultorio médico para poder medio subsistir, por su parte Johannes, que era un herrero calificado, aparte de soldador,  intentó conseguir empleo, sin lograrlo, incluso en unos astilleros noruegos, pero su búsqueda no le resultó y terminó trabajando como ayudante de una panadería.

Corría el año de 1948 y Erika ya contaba con 28 años, ella era una chica extremadamente hermosa, educada, muy dulce, tenía unos bellos ojos azules, y su hermoso cabello rubio que caía sobre sus hombros como una suave  cascada.  A pesar de ser un tanto callada, era muy atractiva y con frecuencia llamaba la atención de los chicos que tenían la dicha de conocerla, y aun a los que no tenían esa dicha también los encantaba, pero a pesar de su infinita belleza, su situación y la de su familia era muy precaria, vivía con su madre y sus dos hermanas; la guerra había dejado sus  secuelas y Erika y su familia   no escapaban a esto,  el simple hecho de haber sobrevivido ya traía consigo una cantidad extrema de calamidades.

Erika había estudiado enfermería  fungió como voluntaria durante la guerra y obtuvo mucha experiencia, pero esas vivencias llenas de tanto dolor de alguna manera marcaron su vida ya que para aumentar tanta tragedia, su padre ya no estaba presente… Un día, durante la guerra, salió de su casa y nunca más se supo de él, vivían en la constante incertidumbre de no saber si aún vivía o si por el contrario estaba muerto.  Desde ese momento la vida de la familia había cambiado intempestivamente, no era nada fácil todo aquello que vivían y no tenían para el sustento diario.  Su mama que era costurera, trabajo cerca de 20 años con un sastre judío que fue sacado de su casa con toda su familia, repentinamente por militares alemanes.  Desde ese momento estaba sin empleo.  

La abuela de Erika  fue una excelente repostera, en consecuencia, su madre había heredado ese conocimiento y hacia dulces para vender y poder sustentar el gasto de la casa, ante tal eventualidad Erika sentía la imperiosa necesidad de ayudar a su madre y a sus dos hermanas, fue por ello que bajo la insistencia de una amiga decidió irse a vivir a Berlín en busca de mejores oportunidades.  No fue fácil tomar aquella decisión, solo de pensar de que debía apartarse de su familia,  sin   saber  por  cuanto  tiempo, le generaba una profunda tristeza, se tomó aproximadamente tres meses para decidirse y durante ese tiempo lloraba a diario desconsoladamente, jamás se imaginó como le    cambiaría    la    vida    ese   viaje  que pretendía emprender.

Al llegar a Berlín fue recibida en la estación de trenes por su queridísima amiga Marlene Schneider, quien también era enfermera, se habían conocido en el colegio cuando ambas decidieron iniciarse en tan noble profesión.  Marlene era dos años menor que Erika y se habían hecho amigas inseparables, dejaron de frecuentarse durante la guerra, pero al finalizar esta repentinamente y sin ninguna explicación volvieron a conseguirse y desde allí se volvieron inseparables nuevamente.  Marlene estaba bien, tenía su trabajo, vivía sola en un pequeño departamento y tenía lo que cualquier chica de su edad tiene, amigos para divertirse, aunque la diversión después de la guerra en Berlín era poca, se las ingeniaba para pasarla bien.  Ella trabajaba en una pequeña clínica con un conocido médico amigo de su familia, y fue por ello que alentó a Erika a irse a vivir allá para que obtuviera un buen empleo.  La idea, originalmente, era desempeñarse como enfermera y Marlene le ofreció ayudarla en ese aspecto, de hecho, antes de que Erika llegara a Berlín, ya ella había conversado con su jefe el Doctor Alphonse Meyer sobre esa posibilidad.

Berlín había sido brutalmente destruida durante la segunda guerra mundial, motivado a los bombardeos de los aliados y Alemania estaba bajo la presión de la guerra fría que existía entre USA y Rusia.  De ese conflicto surgieron la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana, el panorama era un tanto desolador, mercado negro y el fantasma de la hiperinflación.  Los niveles de producción eran 50% menos que los niveles existentes en 1936, el caos reinaba por todos lados.  Por todas estas razones la madre de Erika trato de persuadirla de que no diera ese paso, no obstante, según Marlene y a pesar de todo había mas   oportunidades para ellas en Berlín, aparentemente tenía cierta razón.

La recuperación económica de Europa era una tarea titánica, la mayoría de los países habían perdido infraestructura y capacidad industrial, de allí vino la instauración del Plan Marshall cuyo objetivo principal era impulsar la recuperación económica de Europa.  Este plan resultó exitoso en Alemania, país considerado como el motor de la economía europea.

El Doctor Meyer era un reputado médico y sentía mucho respeto y consideración por Marlene, a quien consideraba una excelente profesional a pesar de su corta edad, quizás por ello y por el aprecio que le tenía, fue que entonces y luego que ella le hablara sobre su amiga que le prometió cooperar en todo cuanto le fuera posible.

Con frecuencia Erika se dirigía a la clínica donde trabajaba Marlene y se iban a tomar café o té en una cafetería que quedaba escasamente    a    dos    cuadras    del    trabajo de Marlene.  En una oportunidad la madre de Erika fue a visitarla, y la pasaron allí  comiendo  los  ricos  dulces  que  ella  preparaba.  Marlene frecuentaba con amigos y solía quedarse conversando hasta llegada la noche, era una agradable manera de ir recuperando la vida cotidiana en un país totalmente abatido por la guerra.

Erika continuó día a día buscando desempeñarse como enfermera, pero no tuvo éxito a pesar de su emotivo empeño, así pasaron dos largos meses durante los cuales ella se dedicaba a tener ordenado el apartamento y cocinar.  Su amiga Marlene conversaba mucho con ella y le insistía que debía esperar, pues las ofertas de trabajo como consecuencia de la guerra eran por demás escasas.  Finalmente, una tarde, luego de un agotador día de trabajo el Doctor Meyer  se puso a conversar con Marlene, hecho este que era poco común en el Doctor, quien por lo general se limitaba a hablar estrictamente lo necesario, se refería al ámbito meramente profesional, extrañamente conversaron sobre ella, su familia, su infancia, adolescencia, sus estudios y prácticamente todo acerca de su vida, ella escuchaba con mucha atención e iba respondiendo con respeto a las palabras del Doctor, no sin que esto la tuviera absolutamente asombrada.  No obstante fue una charla respetuosa y agradable, inclusive hubo ocasiones en la que el Doctor sonreía con las respuestas que la joven chica le brindaba, parecía más bien una conversación entre un padre cariñoso y su adorable hija, cuando estaban a punto de marcharse, el Doctor Meyer se colocó su sobretodo, siempre vestía muy elegante, se dirigió a su escritorio, extrajo un sobre y le dijo: vámonos, cierra todo y salgamos.  Le pregunto: ¿a dónde  vas?, a lo  que ella contesto: a la cafetería.  El pregunto:  ¿te importa si te acompaño hasta allá?. Ella impactada por su extraña conducta totalmente atípica y un tanto temerosa, exclamo diciendo:  !claro, por supuesto!.  Antes de llegar a la cafetería, tal vez una cuadra antes, él le dijo, debo girar aquí, metió su mano derecha en el bolsillo de su sobretodo y extrajo el sobre que había tomado de su escritorio y amigablemente le dijo:  entrégaselo a tu amiga y dile que debe estar mañana en esa dirección y entregarle el sobre personalmente al Doctor Schulz que es un gran amigo, mucha suerte enfatizó, y sonriendo al despedirse de Marlene le dijo, dígale a su amiga que le deseo mucho éxito.

Marlene no pudo ocultar su alegría y a pesar de no saber el contenido del sobre, luego de todo lo ocurrido esa tarde con el Doctor, no tenía duda que era una buena noticia, por ello al despedirse del Doctor, cariñosamente le dio un beso en la mejilla y le dio las gracias, fue un momento muy emotivo, sentimientos encontrados cruzaron ambas mentes.  El Doctor perdió a su hijo en la Guerra, con apenas 20 años, era su único hijo, nunca pudo superarlo. Su esposa luego de tan lamentable pérdida cayó en depresión y fue necesario internarla bajo cuidado psiquiátrico, posterior a ello perdió la batalla contra el cáncer de páncreas, por lo que el Doctor perdió su más preciado tesoro que era su familia, desde entonces vivía solo, ya tenía 72 años. 

Por su parte a Marlene la conducta del Doctor tan amigable y paternal  la  había  afectado  totalmente,  ya  que  el  comportamiento de su jefe aquella tarde era absolutamente contrario a lo cotidiano.  Ella, quien un día regresó a su casa y la encontró destrozada y no supo nunca mas de su familia, toda esta situación le estaba generando muchos recuerdos familiares, además esa manera de mirarla con el reflejo del más profundo cariño la hizo recordar específicamente a su querido padre, preguntándose si estaría vivo o muerto…

Durante su caminar a la cafetería no pudo contener el llanto y al llegar fue directamente al baño a lavar su cara. Recuperada a medias de aquel sentimental momento, se sentó a esperar la llegada de su amiga Erika.  Cuando esta llegó la abrazo fuertemente y no pudo contener nuevamente el llanto, inmediatamente Erika entro en pánico y casi instantáneamente sin separarse de ella le pregunto, ¿que paso, ocurrió algo?

No obstante todo lo ocurrido, Marlene estaba muy alegre aun sin conocer el contenido del sobre, cuando pudo calmar un poco su alegría y recuperando su compostura, le dijo ven tomemos café, y mientras disfrutaban del café le contó todo lo ocurrido aquella tarde, Erika que era muy sentimental irrumpió a llorar inmediatamente, cuando ambas encontraron la calma Marlene exclamó, estoy segura que vas a encontrar un trabajo con el Doctor Schulz, en ningún momento ella dudo de las palabras de su amiga, sólo pregunto ¿le conoces?. Claro, antes de trabajar con el Doctor Meyer trabajé con él, luego él se fue de viaje, pero se encargó antes de marcharse de que el Doctor Meyer me contratara, no sabía que ya había regresado, es un  excelente  médico  y   muy  agradable,  sé  que  te  va a encantar trabajar con él.  Erika pregunto ¿cómo estas tan segura que me dará trabajo? Es una corazonada, además ¿que otra cosa podría ser amiga?  Es cerca de nuestra casa, pero no te preocupes yo mañana te llevo y así doy mis saludos al Doctor Schulz.

Esa tarde noche Erika estuvo muy triste y al acostarse comenzó a sollozar, no encontró explicación a lo que le estaba ocurriendo, tal vez los recuerdos dolorosos de la guerra la estaban atormentando sin que se diera ella cuenta, Marlene por su parte intentaba sin éxito animarla, repentinamente se sintió algo deprimida sin una aparente causa, pero este hecho era muy fácil de entender en un país donde la guerra había dejado tantos estragos, familias enteras desaparecidas, hijos sin padres, padres sin hijos, mutilados, miles de muertos, casas destruidas, ciudades en ruinas.  Mucha gente decía, ¨así debe ser el infierno¨, o quizás esto sea peor, era tan grande el dolor que sentía que Marlene tuvo que darle un calmante para que pudiera conciliar el sueño, ambas se olvidaron absolutamente del compromiso del día siguiente y se quedaron dormidas hasta el amanecer.

Al día siguiente todo lo acontecido el día anterior era historia, ambas amigas se levantaron temprano y llenas de una emoción indescriptible, se sentían renacidas, algo así como cuando finalmente obtuviste ese trofeo por el que siempre luchaste, luego de desayunar se fueron caminando a la clínica del Dr. Shchulz, ya que tal y como lo había dicho Marlene estaba muy cerca  de  su  casa,   al    llegar   el   Doctor   se   encontraba   solo  y cariñosamente saludo a Marlene, quien seguidamente y sin esperar le presento a su amiga Erika al tiempo que le decía:  el Dr. Meyer le envió un sobre que ella le va a entregar, a lo que el Doctor al tomarlo asintió inclinando su cabeza, antes de que lo abriera Marlene se despidió de ambos deseándoles un buen día, salió y se dirigió a su trabajo.  Una vez retirada ella el Doctor señaló a Erika que por favor lo esperara unos 30 minutos mientras atendía un paciente que estaba dentro del consultorio, la joven chica se sentó obedientemente y espero el tiempo indicado.

Luego de la espera el Doctor converso brevemente con Erika sobre su vida y su experiencia como enfermera, tenía mucha confianza en el Dr. Meyer, eran amigos desde los tiempos de la Universidad,. Luego el Doctor le explicó cómo se manejaba en su consultorio, en ese momento el Dr. Schulz dijo a Erika, ya no hay más que hablar, comencemos. Ya tenían un paciente esperando y el Doctor dijo a Erika, hazlo pasar.

Ya casi cerca de las 5:00 de la tarde el Dr. Schulz le indicó a Erika que podía marcharse y mañana debería volver a la hora convenida. Al despedirse se dirigió a la cafetería a encontrarse con su amiga quien la estaba esperando impaciente, al llegar ya no había llanto e incertidumbre como el día anterior, ordenaron un café y Erika le contó a su amiga Marlene lo que ya ella intuía que había ocurrido.

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