Capítulo XXII

                                  XXII

Ese lunes, a eso de medio día, la pasó con Juan y Ricardo. Fumaron a escondidas, tal vez demasiado pronto, el único cigarro que tenían, pues el día era joven todavía. Se lamentaron por no traer más y, sobre todo, porque Héctor aún no llegaba, siendo él una de las pocas personas que les vendía cigarros cuando no tenían

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