Capítulo XXX

                                 XXX

La soledad era impetuosa y poco grácil. Debido a esto, podía asegurar que escuchaba una risa impertinente que llegaba desde muy lejos, pero al detenerse y no ver a nadie, pensaba en que todo eso se debía al cansancio que lo encarrilaba a la predecible locura.

Luego de tanto tiempo, al fin vio el pueblo a escasos do

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