El motor del coche rugía mientras Elena se alejaba de la Torre Imperial, pero el ruido mecánico no era nada comparado con el estruendo en su cabeza. Sus labios todavía conservaban el rastro del beso de Sebastián; un sabor a cenizas, a nostalgia y a una traición que la quemaba por dentro. Cada vez que frenaba en un semáforo, se miraba en el espejo retrovisor, esperando ver una marca física de su error, pero solo encontraba el rostro de una mujer que parecía estar a punto de quebrarse.
—No —susur