Pasó todo un día esperando, hasta que, por fin, Diego se dignó a contestar. Sofía agarró el teléfono con el corazón acelerado, pensando que con que se acordara, aunque fuera un poquito, ya era ganancia, pero el mensaje la dejó fría.
[Voy a cenar a las 8. Que esté todo listo].
Fue como si le cayera un baldado de agua fría en la cara. Órdenes así le había dado mil veces durante su matrimonio. Técnicamente, sí le contestó, pero era más bien como cuando un jefe envía un memo de rutina. Y lo peor: n