La expresión de Pandora evidenció su disgusto, pero cuando Alejandro terminó de hablar, solo le quedaba asombro. ¿A dónde se había ido su hijo obediente y bien educado?
—¿Siempre me complacías?
Esa familia no le había traído más que sufrimiento a Alejandro. Aun así, Pandora estaba aturdida por sus palabras y una rara punzada de culpa se agitó en su interior.
—Si no hubiera cooperado, ¿quién te habría prestado atención con tu actitud superficial?
Ella apretó los dientes. El rechazo tan directo de