Sin seguir perdiendo el tiempo con Esteban, apenas Isabella se subió al auto, llamó de inmediato a Sofía.
Esteban, que iba manejando, la miró como si hubiera visto un fantasma. La Isabella que estuvo frente a Laura era pura actuación, pero a la Isabella que hablaba ahora con Sofía se le notaba una adulación verdadera, de corazón.
¿Era en serio? Isabella ni siquiera trataba así a Diego, le daba miedo.
—Sofía, soy yo. ¿Ya comiste? No te estoy molestando, ¿verdad?... Es que pasó esto: conocí a una