La noche anterior se acostaron demasiado tarde y Alejandro se quedó dormido sin camisa. Con casi un metro noventa, su complexión no era pequeña: hombros anchos, cintura estrecha y músculos marcados por todo su cuerpo.
Cuando giró el torso para observarla mejor, desde el ángulo de Sofía, su cintura pareció aún más delgada; una visión perfecta, un banquete visual; era sensualidad pura.
Su mano tibia se posó en la frente de ella.
—Estás hirviendo… ¿te dio fiebre?
Alejandro se inclinó para revisarla